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Independencia
Martes, 18/02/2025 El crecimiento de los pueblos en la mayoría de los casos, se ve reflejado en la iniciativa de la inversión del capital privado; aunque la participación de la inversión estatal también puede catapultar el progreso, siempre que el beneficio sea colectivo.
Es así como un hombre de arraigo popular, comerciante, emprendedor y soñador, como lo fue Marcos Vázquez, a quien el pueblo tereseño le enchapó el apodo “El Pollo”, debido a la peculiar forma que tenía para saludar a la gente: “pollo, pollo”.
Corrían los años 70. Santa Teresa del Tuy comenzó a sentir el impacto positivo por la Ley Político-Territorial del estado Miranda, que la elevó a Distrito Independencia, desligándose del poderío político del Distrito Paz Castillo, que predominó durante mucho tiempo.
El movimiento comercial del pueblo asomaba indicios de crecimiento, llegaron las industrias, y con ellas el progreso.
“El Pollo" Vázquez como también se lo llamaba, era el propietario de un bar-restaurante llamado "La Sorpresa" que más tarde se convirtió en el “El Meleco”, ubicado muy cerca de la plaza Bolívar donde es hoy un centro comercial y residencial. En este bar había una rockola donde los clientes ponían su música preferida para bailar, bien sea con la pareja que los acompañaban o con una de las mesoneras que atendían el lugar. También se podía comer en "El Meleco". Servían pollo a la broaster, arepas, empanadas y otros platos.
Vásquez también era aficionado al canto, tocaba guitarra, le gustaba dar serenatas y cantaba tangos. Casi logró conformar una peña tanguera inspirada en las canciones de Carlos Gardel, y en compañía de sus amigos tales como Miguel Reyes, Ramón Sepúlveda, Pedro Hernández y Pedro Veroes, entre otras personas muy respetables y aficionadas al tango en Santa Teresa
De un día para otro, sorpresivamente vemos al pollo echando pico y pala en los terrenos al margen derecho de la carretera hacia Santa Lucía, antes de la urbanización Diego de Losada. Era común escuchar con frecuencia los comentarios del pueblo: “El pollo se volvió loco, perdió la razón…”
Así pasó el tiempo. Todos los días preferiblemente en horarios matinales, el trabajo le rendía hasta que con ayuda de sus hijos y algunos amigos, venció el cerro que logró aplanar; abriendo además un angosto camino para pasar con la camioneta ranchera que condujo por mucho tiempo.
Este terreno, como algo prodigioso que alumbró a este hombre visionario, recibía las aguas de la quebrada Lamedero más conocida como “Lambedero”, llegando a formar una gran laguna que desahogaba mediante un tapón que desbordaba agua hacia el sector Cecilio Acosta, para seguir el curso de la quebrada que atravesaba el barrio José Gregorio Hernández para así llegar hasta el río Tuy.
Muy pocos se percataron de la existencia de esta laguna hasta que "El Pollo" la despejó y la dio a conocer en todo su esplendor, con una flora exuberante y asiento de una eximia fauna conformada por garzas, paticos güirirí, guacharacas, cotorras y otras especies.
El forzado trabajo dio sus frutos y en menos de dos años "El Pollo" estaba inaugurando el Club Social Turístico El Lago, la innovación del momento en Santa Teresa del Tuy. Por supuesto que había otros sitios de distracción en el pueblo, el auge económico de la época fue permitiendo la aparición de diversos centros de diversión.
Pero, la exhibición de lanchas y canoas con remos, el embarcadero, dos o tres churuatas donde se podía estar en contacto con la naturaleza, un amplio y estratégico estacionamiento, una pista de baile al aire libre, una moderna rockola, una batería de cornetas distribuidas estratégicamente en el techo, y un fogón prendido todo el día despidiendo atractivos olores de carne en vara y pollo asado; eran el gancho que comenzó a ofrecer "El Pollo” a los tereseños y buena parte de los Valles del Tuy, incluyendo visitantes de otras regiones del país. El Lago se hizo famoso, fue el sitio del momento.
Toda una generación puede dar testimonio de las grandes fiestas, con afamadas orquestas que hicieron bailar y divertirse a sus anchas, tales como la Dimensión Latina; Grupo Época; y Vitola y sus Diablos; entre otros; tanto en la laguna como en la pulida y roja pista de baile del Club El Lago, a media luz y atendida por “Pipo” unos de los mesoneros.
Muchas personas se preguntaban, por qué "El Pollo" hizo una carretera en círculos para poder llegar a estacionarse en el club. Todo se debía a una normativa oficial del Gobierno para mantener los establecimientos que expendían licores a orillas de carreteras, que debían estar no menos de 250 metros de éstas. Se las ingenió y construyó una vialidad con estas características para llegar al lugar.
Con la puesta en funcionamiento del Club Social y Turístico El Lago, además de otros establecimientos, los tereseños tuvimos la oportunidad de tener gratos momentos de sana diversión y esparcimiento. Gracias a "El Pollo" Marcos Vásquez.
Hoy en día el lugar está en ruinas y abandonado.
Rafael González
rafagonrg@gmail.com